
Un empate, gracias a la lamentable actuación de Daudén y de la puntería del Mallorca, propició que el Real Madrid puede darse con un canto en los dientes. Los errores ajenos de los otros protagonistas de la película, el Mallorca y el trío arbitral, posibilitaron que el líder se marchase rumbo a Madrid con un premio injusto, por muy madridista que yo sea.
El Real Madrid no arrancó nada mal, ofreciendo bastante más de lo expuesto en muchas de sus salidas; pero, esas buenas maneras se borraron de un plumazo por un silbato y el empeño blanco en meterse en problemas con inusitada felicidad. Manzano y el Mallorca, por su parte, volvieron a dar una lección.
El Mallorca, valiente como siempre, guiado por el faro del 'Caño' esperó su momento y, cuando lo encontró, se topó con unas decisiones equivocadas que ya le perjudicaron en el Bernabéu. Daudén anuló un tanto de Fernando Navarro legal que hartó Mallorca. El colegiado aragonés, iluminado, vio una falta de Ramos a Arango antes del disparo de Fernando Navarro que pocos entendieron. El venezolano, incluso, se vio desbordado en la acción por el ímpetu del sevillano. Navarro batió a Iker y, sin explicación, comprobó cómo Daudén impidió que el tanto subiese al marcador.
Los blancos tiraron del cuchillo de Robben por las bandas. El holandés, junto a Heinze, fue la mejor de las noticias para el Madrid y se creó el tanto madridista de la nada. El zurdo rompió a su par dentro del área y se sacó un centro al área chica que acabó, después de tocar Moyá, en las botas de un Sneijder que no perdonó a puerta vacía. El Madrid, sin hacer ruido, se adelantó y dejó a los baleares aún más angustiados. Una mano involuntaria de Cannavaro al borde del descanso aumentó los sinsabores para un equipo que reaccionó ante la adversidad tras el paso por vestuarios.
Un líder empequeñecido. Los de Schuster guardaron la ropa esperando una contra que acabase con el partido, pero Ramos se empeñó una vez más de sacar a la luz su parte negativa. El sevillano, que pierde los papeles y la cabeza con demasiada frecuencia, dejó a su equipo con uno menos al ver su segunda amarilla. La expulsión de Ramos fue el principio de un fin que no llegó del todo para el Madrid. Los blancos casi ni salieron de su campo con algo menos de media hora por delante. Schuster colaboró. El alemán se atrevió a colocar a un desdibujado Diarra en el lateral, que no se había visto en otra igual. Minutos después, Bernd reconoció su error y puso a Torres en escena, mandando al africano al centro del campo. Más tarde, se olvidó de Robinho sin mucho sentido. Manzano, en el otro lado, sacó nota una vez más. Metió a Webó por Héctor, dejando bien a las claras el descaro necesario para hacer algo importante. Borja Valero, con corazón blanco, empató el partido con un disparo con rosca prodigioso, precioso. El canterano madridista igualó el marcador y asustó a un Madrid que se empequeñeció. El Mallorca se hartó a perdonar ante Iker, destacando un fallo clamoroso de Güiza que tocó el larguero cuando el jerezano tenía todo de cara. Los de Schuster escucharon el pitido final y respiraron ante un asedio que mereció mejor premio.
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